Estambul

¿Por qué ir?

Sin lugar a dudas, Estambul – como Ciudad de México o Nueva York – es una de las grandes ciudades del mundo. Está situado en un punto estratégico a ambos lados del estrecho del Bósforo que separa Europa de Asia. Se encuentra, por tanto (a diferencia de cualquier otra ciudad del mundo)  dividida entre dos continentes.

El casco antiguo, con su horizonte oriental y fantasioso de cúpulas y minaretes, y sus calles estrechas y empedradas rodeadas de pintorescas casas de madera, se encuentra en una península con forma cónica acabada en punta a través del estrecho a Asia. Hacia el sur, las aguas azules del mar de Mármara brillan con luz propia. En el norte, a través de las elegantes curvas del Cuerno de Oro, podemos ver las atractivas luces del gran barrio de entretenimiento de Beyoglu.

Esta es una mega ciudad en pleno auge, con una población superior a 15 millones de habitantes, una vibrante bolsa de valores y un futuro prometedor, dado que en los distritos de negocios más allá de Beyoglu, está empezando a parecerse a Manhattan. Y lo que es más importante aun: se trata de una ciudad antigua, originalmente fundada por los griegos en el siglo VII antes de Cristo.

En el siglo IV d.C. se convirtió en Constantinopla, capital del mundo cristiano y bizantino que mantuvo a los guerreros del Islam de Europa occidental durante varios siglos, antes de caer finalmente ante los turcos otomanos en 1453. Las reliquias de estas dos grandes potencias adornan el casco antiguo, con la Iglesia bizantina de la Divina Sabiduría por un lado, y a través de los espléndidos pabellones del punto de apoyo del Imperio otomano, el Palacio de Topkapi, por otro.

Al igual que en la mayoría de las capitales europeas, los calurosos Julio y Agosto consiguen que grandes masas emigren temporalmente a retiros o resorts del Mediterraneo/Egeo. La ventaja de esto es que hay menos bullicio y el transporte público está un poco menos concurrido. La calidez de la noche también te permite disfrutar de una bebida en un bar guíon azotea de moda, cenar pescado en un restaurante en frente del Bósforo, o fumarte una cachimba (pipa de agua) en un jardín del patio a la sombra de una mezquita otomana. La desventaja es que la música de avenidas clubes y lugares por el estilo cierran o disminuyen su actividad turística en septiembre y  octubre. Los días soleados son ideales para dar una vuelta a pie o para comer fuera o para navegar por el Bósforo.

Sin importar la estación, se puede buscar un ferry para cruzar a Asia para ir a ópera, admirar el último arte contemporáneo de Estambul moderna, maravillarse con los increíbles mosaicos bizantinos en la Iglesia de San Salvador en Chora, regatear por una lujosa alfombra turca en un bazar antiguo, o comtemplar el excisito interior de la Mezquita Azul. Está es una ciudad donde, por una vez, los clichés son ciertos y el este y el oeste realmente se encuentran.


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